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Los "Verdes" Amenazan a una Gallina de los Huevos de Oro de Perú

Por Michael Fumento

03-18-2004
Derechos Reservados Copyright 2004 Scripps Howard News Service

Versión inglesa de este artículo.


Si usted cree que el capitalismo funciona perfectamente, es usted muy ingenuo. Pero, si usted piensa que las operaciones del mercado libre son superiores por mucho en comparación con las operaciones de las empresas estatales, usted está en lo cierto. Para ilustrar el punto: las instalaciones de la fundición y refinería en La Oroya, Perú, las más grandes de Suramérica.

En 1974, el gobierno peruano nacionalizó la instalación, ahora con más de 80 años en funcionamiento, de una compañía americana. Ya nacionalizada continuó produciendo plomo, oro, plata, cobre, zinc y otros metales.

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La Oroya hoy

 
Produjo también algo más, enfermedades y la muerte. En 1994, un ambientalista estadounidense declaró a la revista Newsweek que el proyecto metalúrgico era "una pesadilla del infierno". El polvo estaba lleno de plomo y arsénico, mientras que un río cuyo cauce pasa por la instalación contenía niveles de plomo que eran seis veces el límite del Banco Mundial.

Todo esto terminaba en los cuerpos de los trabajadores, de sus cónyuges, de sus hijos y de sus vecinos. Casi el cien por cien de los niños de La Oroya sufrían de niveles excesivos de plomo en la sangre.

Finalmente en 1997 el gobierno vendió esta pesadilla otra vez a los gringos, la empresa Doe Run Company con sede en Missouri, que también produce productos de metal en Norteamérica y en África. Como parte del arreglo, la que ahora se llama Doe Run Perú (DRP, por sus siglas en inglés) prometió iniciar rápidamente un enorme programa de limpieza llamado Programa de Adecuación y Manejo Ambiental, es decir, PAMA.

Transcurridos seis años, las mejoras son impresionantes.

Aunque originalmente obligada a invertir $107 millones para cumplir con el PAMA, la DRP decidió incrementar esta suma a $174 millones. Para finales de 2002, más de la mitad de los proyectos del PAMA han sido completados.

El arsénico en el aire ha disminuido en una quinta parte entre 1997 y 2003, mientras que los niveles de plomo se han reducido en más del 50 por ciento. Las descargas totales en los dos ríos del área se han reducido en más de la mitad, y la cantidad de plomo disuelto en el agua ha disminuido en un 80 por ciento. Y aún así, actualmente la instalación ha aumentado la producción de metales en 10 por ciento en comparación cuando la DRP tomó las riendas.

Aunque ocurrieron 79 accidentes reportables en 1997, el año pasado ocurrieron menos de diez. Los niveles de plomo en la sangre de los trabajadores ha disminuido en 28 por ciento, así que el promedio está en la actualidad muy por debajo de los límites en los EE.UU.

Desafortunadamente existen pocos datos históricos sobre los niveles de plomo en la sangre de los niños ya que las pruebas se realizaron de manera diferente cada vez, de tal manera que no se pueden comparar. Pero si hubo una disminución de 18 por ciento del año 2000 al 2001 en un grupo seleccionado, esencialmente como resultado de un programa piloto DRP para enseñarles a los residentes del área mejores prácticas de higiene tales como lavarse las manos y bañarse más frecuentemente.

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Estos gansos están gozando la nuevo Oroya.

 
Pero es triste ver como, qué al igual que cuando los ambientalistas se quejaban con razón sobre la instalación de La Oroya cuando era administrada por el estado, ahora grupos con nombres como EarthJustice y la InterAmerican Association for Environmental Defense pintan a la DRP como funesta. Y sin embargo todo lo que en realidad afirman es que la instalación no está tan limpia como el piso de la cocina de la abuelita.

Es más, una influyente publicación activista se llama "La Oroya Cannot Wait La Oroya Cannot Wait" ("La Oroya ya no puede esperar")." Pero en cierta manera debe hacerlo. Al igual que la persona que se pone a dieta y descubre que no puede deshacerse de 30 años de gordura en 30 días, no se pueden limpiar décadas de contaminación producto de la mala administración gubernamental en unos pocos años.

Con el respaldo del consejo municipal y además de uno de los sindicatos más grandes, la DRP recientemente anunció que algunas mejoras programadas para el año 2006 sí serían retrasadas cinco años. Pero también va a invertir otros $226 millones en operaciones de limpieza, cerrar parte de una planta de zinc particularmente sucia y retrasar la instalación de una planta de ácido sulfúrico para reducir aún más las emisiones de dióxido de azufre.

La empresa constantemente equilibra los costos de la limpieza con la responsabilidad de generar ganancias. Es así como pudo pagarle al gobierno peruano casi $6 millones en impuestos en el año 2003, con una nómina de $44 millones para los 3100 empleados de DRP en La Oroya. Estos puestos son de los más altamente remunerados en la región y el 75 por ciento de los trabajadores están sindicalizados.

Es más, aunque los grupos "verdes" nos harían creer que la reducción de la exposición tóxica se realiza simplemente mediante la reducción de las emisiones, lo cierto es que el plomo es a La Oroya como la arena es a las playas de Miami. Al igual que la arena, el plomo penetra todo y a todos. Lo haría aun si no existiera la fundición.

Sin embargo, las operaciones de la DRP traen salud, riqueza y esperanza a un pueblo por demás pobre. Y aunque las empresas estatales pueden tener pérdidas año tras año, las empresas capitalistas no las pueden tener. Los activistas no se dan cuenta de ello, ya que creen que mediante alguna forma de alquimia, la DRP puede seguir vaciando dinero en mejoras ambientales y eliminando plantas rentables.

Pero la única magia que lograrán es que la DRP desaparezca. Tratar de sacar mucho oro de la DRP muy rápidamente sólo logrará matar a esta gallina de los huevos de oro.

Versión inglesa de este artículo.

Michael Fumento es Senior Fellow en el Hudson Institute y un columnista que publica en todo el país a través del Scripps Howard News Service. Favor de ponerse en contacto con él en la dirección fumento@pobox.com.

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